viernes, 5 de junio de 2009

Periodismo del de antes

Por todos es sabida mi devoción por el señor Pérez Reverte y que en muchas ocasiones, salvo cuando habla de batallas del año maricastaña, besaría las páginas que el escribe, pero no lo hago porque la pantalla del ordenador ya está bastante enguarrada sin que yo le meta lametones. Acabo de leer la última de sus columnas (aquí) y me ha recordado cosas olvidadas en época de bajones profesionales y crisis mentales.
Nunca trabajé sin internet, ni siquiera sin móviles con los que tener controlados las 24 horas del día a todo el mundo (cuando tengo que llamar a alguien solo a su oficina me entran ataques de pánico la noche la anterior) y es una cosa que me maravillaría saber, cómo eran capaces antes, no hace mucho más de diez años, para conseguir sacar un periódico a la calle todos los días. Ahora, el día que cierras más tarde de las diez te pillas cabreos de tres pares de narices y me parece imposible que no hace tanto fueran capaces de hacerlo algún día antes de medianoche. Con lo que acabo aborreciendo el móvil y el mail la mayoría de los días, reconozco que estaría completamente perdida sin ellos; y ya no digamos sin el dios Google.

5 comentarios:

Fernando del Busto dijo...

Así que le das lametones a la pantalla, vaya, vaya... Tendré cuidado si cuelgo alguna foto propia...

Aida dijo...

Qué sería de todos nosotros sin esa tecnología que cuando nos falla tanto criticamos...
Bonito blog, te enlazo yo también, ok?

G. dijo...

Yo tb a veces me pregunto cómo serían los trabajos antes sin tanta tecnología, bancos, escuelas, negocios, sabríamos los de ahora trabajar en esas condiciones????.......

Besitos

Velda Rae dijo...

Hace justo 20 años, cuando empezaba yo mis prácticas en Antena 3 ni ordenadores había, sólo aquellas Olivetti como armarios de tres cuerpos en cuyas teclas te dejabas las huellas dactilares para la posteridad forense.

AnnieChristian dijo...

Yo he pasado por las repromaster, el andar haciendo negativos y positivos de los fotolitos y todo eso. Ahora me maravillo de cómo salía el trabajo, en su hora, cuando enviar un trabajo a Hong Kong era cuestión de una semana larga y que ahora son segundos, de cuando me iba a la biblioteca -o a la cole de revistas- a buscar una imagen que ahora está a un clic... en muchísimas cosas no podemos quejarnos mucho, salvo en que la mayor parte de ese tiempo se lo come muchas veces el cliente. La velocidad que da la tecnología acaba convirtiéndose, en demasiadas ocasiones, en menos tiempo para hacer el trabajo, paradójicamente.