miércoles, 3 de marzo de 2010

De periodismo y floristerías

Si hoy pongo un circo seguro que me salen enanos; enanos, champiñones y manzanas podridas, de todo, siempre y cuando sea malo. Es que no hay nada como que una se encuentre medio contenta, decidida seguir como estaba y opte por ser optimista ante la vida, porque realmente hay cosas peores que estas; como para que al día siguiente alguien, o más bien varios, se dediquen a joerme el día, finamente dicho.

Y eso me ha pasado a mi, que desde las once de la mañana me vienen mareando y lo mejor es que no sé para qué. He recibido contestaciones con las que me han dejado con la boca abierta, literalmente. Cuando una cree que ya no pueden sorprenderla más, pues sí, sí pueden y van y lo hacen. Y como aún no ha aprendido la pillan por sorpresa, tanta que ha estado a un tris de buscar en el diccionario palabras tales como periodismo, periódico u objetividad, porque ha llegado a la conclusión que tiene un concepto totalmente diferente a otros.

Y una, que es muy orgullosa, pues claro piensa que su opinión es la válida, la buena y que los otros se equivocan, pero no quiere pensar en los motivos por los que los otros tienen una visión diferente a la suya porque no, porque no le gusta y porque no quiere reconocer la realidad aunque la tenga delante. ¿Por qué? Pues porque le da pena, coña, que da mucha pena ver en lo que nos hemos convertido, en meros mercenarios de unos ideales en los que no hay lugar para lo que piensa el lector, ni la gente ni la lógica.

Si la gente acusa a los políticos de pensar que los ciudadanos son tontos no me quiero pensar ni lo que pensarán de los periodistas, porque realmente somos peores que ellos, porque un medio de comunicación (salvo cosas raras) perdura mucho más tiempo de lo que lo pueda hacerlo un concejal, un diputado, un alcalde o un presidente de gobierno. Por eso y porque nos vendemos, o nos venden, a unos intereses que no tienen por que ser los nuestros, pero bajo los que firmas y escribes, aún sin saber por qué lo haces.

La gente espera, por así decir, que un político le engañe o le manipule lo que dice en beneficio de sus propios intereses, pero no que lo haga un medio de comunicación, los encargados de transmitir la información al pueblo, la verdad, ser el canal de comunicación entre el poder y el pueblo. Me río yo de los recuerdos románticos de lo que era el periodismo de antaño. Quiero crear que, al menos, alguna vez fue verdad la idea ya utópica del periodismo.

Yo, de momento, preferiría trabajar en una floristería. Al menos me pasaría el día rodeada de belleza y sin cardos, que ya he soportado a demasiados en los últimos tiempos. No creo que nadie me impusiera vender únicamente rosas.