domingo, 25 de enero de 2009

Quiero un inhibidor de politonos

Me he pasado un finde de lo más cultural y entretenido, a pesar del temporal y de que la visita a la pelu no fue una tragedia ni tampoco tan explosiva como esperaba. El viernes nos fuímos hasta el Jovellanos (maldita la hora en que se nos ocurrió), porque no entiendo como el considerado segundo teatro de Asturias puede tener unas butacas de hace 30 años, o más. Son de polipiel y madera, estrechísimas y enanísimas. A mi no me entraban las piernas, así que alguien que mida 1.8o se sentará en el pasillo central directamente. Conste que me fijé y no, no vi a mucha gente alta. Y, ¿qué pasa cuando unes esos dos materiales y ausencia de espacio? Pues que la gente se remueve en el sitio con lo que para el resto de la sala le resulta casi imperceptible escuchar lo que decían los de 'El mercader de Venecia'. Tres horas, más 20 minutos de descanso, que merecieron la pena, si no fuera por las incomodidades y cierto 'especimen', por no insultarlo directamente, al que le sonó el móvil a la media hora de empezar la función, tardó un minuto en cortar la llamada y, como no le debía dar la cabeza para pensar que iban a insistir, volvió a sonar a los tres segundos. ¿Cómo puede ser que haya gente que no entienda lo que molesta un politono en un sitio así? Ya no sólo a los espectadores, sino a los propios actores, que se pierden, y con toda la razón.
De la visita a Gijón saqué en conclusiones muchas más cosas: que en esa ciudad no les gusta el teatro y que deben ir allí porque no tienen otra cosa que hacer. Eso ya lo noté cuando sacamos las entradas hace dos semanas y había mogollón libres. O cuando te encuentras a la mitad del teatro en vaqueros y hasta alguno en playeros. No, no soy clasista, solo que estoy acostumbrada a que cuando voy al teatro me rodeen mujeres que andan entre 40 y 60 años y vienen directas de la peluquería y envueltas en un visón, a que para sacar una buena entrada tengas que ir a la taquilla el primer día que las ponen a la venta y dormir en la calle si es que quieres un abono y a que como se oiga el vibrador de un móvil se escuche un murmullo general de reprobación al individuo.
Si es que lo que no entiendo es porque en sitios así no se instalan inhibidores de cobertura móvil. No sé exactamente si se llaman así, pero en las películas salen, así que algo de eso debe existir. Básicamente lo que hacen es crear un campo en el que no puede entrar la cobertura y así nos ahorraríamos los puñeteros politonos. Ayer en el cine, a la niña (no sé la edad, pero era menuda como yo que sé y tenía una voz de pito increíble) que tenía dos butacas más allá la llaman (¿pa qué vamos a quitarle el sonido?) y al rato de estar sonando lo cuelga. Entonces llaman a su amiga, que no le había dado la cabeza para pensar que lo mismo le podría pasar a ella. Esta fue más rápida, colgó antes. A los diez minutos la primera imperfecta decide salir a llamar, supongo, a una amiga común de las dos. Estaba en el centro de la fila, así que tocó las narices a la mitad. A los 20 segundos vuelve a entrar, vuelta a molestar. "No sé, es que no me lo coge" informa, como si a alguien nos interesara. Entonces al minuto escucho el vibrador. "no, que estoy en el cine, no puedo hablar. es que salí antes y no me lo cogiste. llama en cinco minutos, que salgo. sí, en cinco minutos" y cuelga. Se levanta, vuelve a salir, y a los cinco minutos volvió a entrar. A Dios gracias a la vuelta no le dio por comentar lo que le había dicho la otra parte. No sé si era algo crucial, de vida o muerte, o solo que iban a quedar para ir de copas después pero, digo yo: ¿no conocen el funcionamiento de los sms? En casos como estos son muy prácticos y, exceptuando por la luz del móvil, no das el coñazo a toda una sala de cine.

2 comentarios:

AnnieChristian dijo...

Brutal. Aunque lo de los vaqueros y los playeros no lo he entendido.

PrInCiPe AzUl DeStEñIdO dijo...

Totalmente de acuerdo contigo.
Oir un móvil en el cine (es que al teatro nunca fui) es de lo peor.
Y ya si juntamos eso con alguien que a cada momento esté comentando la película, ya ni te cuento.
Luego mis amigos me preguntan que porqué me gusta ir solo al cine. Pues porque me meto en una esquina, voy a mi mundo, y veo la película tranquilamente y de forma que me preste.

Apoyo la moción de lo de la cobertura de los móviles.