miércoles, 24 de febrero de 2010

Paseando por mundo imaginarios

Creo que el principal motivo por el que me gusta tanto, tantísimo el cine es por la capacidad que tiene para evadirme de todo mi mundo y olvidar, aunque sea por un rato de 90 minutos, todo lo que hay fuera de la sala. Soy como la protagonista de 'La rosa púrpura del Cairo', de Woody Allen, una mojigata que se refugia en las proyecciones del cine de su pueblo (en mi casa los multicines de los centros comerciales) para olvidarse del asqueroso marido que tiene en casa. Yo no tengo marido, pero sí cosas de las que hay que evadirse de vez en cuando.

Y si el cine es buena medicina la literatura ni os cuento. Devoro libros, pero no se puede decir que sea ni mínimamente entendida en el tema. Reconozco que nunca me he leído 'El Quijote', porque lo he intentado media docena de veces y nunca ha sido capaz de pasar del capítulo ocho. No es algo de lo que me sienta especialmente orgullosa, pero no alcanzo a comprender que la mejor obra de todos los tiempos escrita en castellano haga que me duerma en cuento leo dos páginas.

Sin embargo hay piezas que hay muchos que consideran literatura basura, como es la chick-lit, que me fascinen. Sé que a veces parece que están escritas por quinceañeras que no saben montar frases subjuntivas, pero la verdad es que hay muchos que sorprenden por lo bien escritas que están. No es el caso de Stieg Larsson, pero aún así he caído, como medio mundo, al fenómeno Millenium y qué queréis que os diga, pero en el último mes los mejores momentos que he pasado han sido leyendo la última parte de la trilogía e imaginándome el frío que debe haber en Suecia y cómo serán las cajas de Billys Pan Pizza.

Lo bueno es que ha llegado al final de la historia. Lo malo que se ha acabado esta tarde. Pero en unos minutos me pondré con otro de esos autores que no escriben precisamente bien pero que cuentan unas historias que da casi lo mismo que estén redactadas con faltas de ortografía o sin mucho sentido. Lo que importa es lo que pasa. Y menos mal, porque mira que el título es malo. ¿A quién se le puede ocurrir titular una obra ‘Perdonda, pero quiero casarme contigo? Me voy a pasear un rato por Roma...