En los últimos cuatro días me habían llegado críticas desde todas partes a Sexo en Nueva York 2. No llegué a plantearme siquiera no ir a verla porque es lo que tiene el gusto cinematográfico, que hay quien considera que 'Salvar al soldado Ryan' es una película que debería ser considerada la octava maravilla del mundo y para mi es uno de los mayores tostones que me he tragado en un cine.
Puede que sea también porque fui preparada a que, como decían, fuera un bodrio y por eso salí tan encantada de allí, creo que más aún que hace un año. Dos horas y media que se me pasaron en 20 minutos y creo que lo máximo que estuve sin parar de reir fueron 5 minutos. (Si aún no la habéis visto no sigais leyendo) La boda es, sencillamente, una de las mejores tramas de todo Sexo en Nueva York (serie y primera película) y ver a la Minelli bailar como Beyonce es algo difícil de describir. Sólo una cosa: yo quiero sus piernas.
La película es como debía ser: exageración hasta decir basta. Los modelitos son imposibles, pero ¿acaso no lo eran los de la serie? La aventura en Abu Dhabi es inimaginable, como si no fuera exagerado ya el viaje a París con el que cerraron la serie. Y sí, no deja a Mr Big porque entonces sí que se habrían cargado la esencia de esa serie. Porque la ropa, las amigas y los bares más guays del mundo pueden enganchar, pero lo que es fascinante es que una historia como esta pueda tener un final feliz. El cine fue hecho para hacernos soñar desde una butaca.

Porque señores esto es Sexo en Nueva York, no una película de los sábados por la tarde en Antena 3 basada en hechos reales. El cine, como la televisión, uno de los objetivos que tiene es entretener a la gente, hacerla que se evada de sus problemas, que por dos horas a todos se nos olvide que existe una crisis económica de lo más bestial, que nos ha dejado el novio o que tienes a alguien en el hospital. Y esa función la cumple a la perfección. Durante dos horas y media yo no pensé en nada más que en la película y en escribir, pero bueno esto último es cosa mía, defecto profesional. Y por las carcajadas (incluso aplausos) que se repetían por la sala del cine (llena hasta los topes) creo que no fui la única.
Le saqué pegas, por supuesto, porque soy así, y porque escuchar que Carrie es freelance y que antes estaba contratada por Vogue me da la risa, ¿se les olvidó que era una columnista y que en Vogue empezó a escribir después y con un precio por palabra? Eso se aplica a cuando dice que The New Yorker es la revista que lleva en su bolso. Mentira lo suyo son las revistas de moda, nunca ha salido con otra en toda la serie, salvo que fuera que le hicieran un reportaje a ella. Pero bueno eso son cosas que veo yo, porque sé de que va el tema (no de la Vogue, sino de freelance, más bien autónomos), igual que imagino que hayan metido gambazos con cosas de derecho o con la cultura de Oriente Medio.
Pero esos 'pequeños detalles' se les perdonan. Lo que no entiendo es como, con lo contenta que salía ayer la gente del cine puede haber tanta crítica, que esto parece una campaña organizada. Yo sólo digo una cosa: quiero una tercera parte y la quiero YA!!! De momento, me voy a buscar la banda sonora, que me encantó.